Hay cosas que deberían preocuparnos a todos.
El Ayuntamiento de Salou tiene un contrato clave: el mantenimiento de todos los edificios municipales. Es decir, la empresa que se encarga de arreglar averías, mantener instalaciones y asegurar que todo funcione en colegios, dependencias públicas y edificios municipales.
Este contrato mueve alrededor de 586.000 € al año, con posibilidad de superar los 800.000 € contando actuaciones adicionales.
Hasta aquí, todo normal. El problema es otro.
Según los propios expedientes municipales, el contrato ha terminado y el Ayuntamiento no había preparado a tiempo el nuevo. Aun así, el servicio sigue prestándose de forma “excepcional”, sin el respaldo de un contrato vigente en condiciones normales.
Dicho de forma clara: un servicio esencial sigue funcionando… pero fuera del marco habitual de contratación pública.
¿Por qué es grave?
Porque los contratos públicos existen para garantizar tres cosas:
- transparencia
- control del gasto
- igualdad de oportunidades entre empresas
Cuando eso falla, aparecen riesgos:
- que no haya competencia entre empresas
- que no esté claro el precio real del servicio
- que se pierda control sobre cómo y cuánto se paga
Y si la situación se alarga o se gestiona mal, puede acabar en algo mucho peor:
- reparos de intervención
- irregularidades administrativas
- responsabilidades políticas o incluso legales
Esto no significa automáticamente que haya ilegalidad.
Pero sí indica algo preocupante: falta de planificación en un servicio básico que mueve cientos de miles de euros.
Porque cuando un contrato de este tamaño se acaba y no hay otro preparado, no es un problema técnico.
Es un problema de gestión.Y la pregunta es sencilla:
¿Cómo se ha llegado a esta situación en un contrato esencial para el funcionamiento diario del municipio?
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