La decisión del PSC del Camp de Tarragona de imponer una comisión gestora en la agrupación de Salou no es un episodio aislado ni una simple medida organizativa. Es la constatación oficial de un problema que hace años que existe: el PSC de Salou ha dejado de actuar como un partido con criterio propio para convertirse en un socio subordinado al proyecto personal de Pere Granados.

La crisis abierta por el caso de Cristina Berrio ha hecho saltar por los aires unas tensiones internas que llevaban demasiado tiempo escondidas bajo la alfombra. Mientras una parte del gobierno municipal reclamaba responsabilidades políticas, la dirección territorial del PSC intentaba enfriar la situación. El resultado ha sido una imagen de división, debilidad y falta de liderazgo.

Pero el fondo del problema no es Cristina Berrio. El fondo del problema es que el PSC local lleva años sacrificando su identidad para mantenerse en el poder.

Un PSC sin voz propia

Desde hace tiempo, muchos militantes y simpatizantes socialistas de Salou consideran que el partido ha renunciado a tener un proyecto autónomo. La coalición con FUPS y Pere Granados se vendió como una operación de estabilidad y centralidad política, pero con el paso de los años se ha convertido en una absorción práctica.

En 2022 ya hubo bajas de militantes socialistas por el malestar que provocó el acuerdo con FUPS. Parte de la militancia denunció que la decisión se tomó desde arriba, sin debate real, y que el PSC quedaba diluido bajo el liderazgo absoluto de Granados. (lavanguardia.com)

De hecho, antes de las municipales de 2023, el PSC local ya funcionaba bajo una estructura provisional. La candidatura conjunta Sumem per Salou-PSC se diseñó con Granados al frente y con un PSC relegado a un papel secundario, más útil como sigla que como actor político real. (sumempersalou.com)

Pere Granados: de Convergència al PSC, y mañana quién sabe

Pere Granados ha demostrado durante años una enorme capacidad para sobrevivir políticamente. Pero esa habilidad también ha ido acompañada de una facilidad llamativa para cambiar de socios, de discurso y de espacio ideológico según convenga.

Granados llegó a la alcaldía en 2009 mediante una moción de censura impulsada por CiU con el apoyo del PP y de formaciones municipalistas. Más tarde consolidó su liderazgo bajo el paraguas convergente y en 2019 se presentó ligado al espacio de Junts. (es.wikipedia.org)

Sin embargo, cuando el espacio posconvergente dejó de ser útil o rentable, Granados se acercó al PSC. En 2023 ya encabezó directamente la candidatura Sumem per Salou-PSC, con el apoyo explícito de Salvador Illa y de dirigentes socialistas. (sumempersalou.com)

La pregunta es evidente: si en algún momento el PSC deja de serle útil, ¿qué impedirá que vuelva a cambiar de aliados?

Granados ha gobernado con convergentes, con populares, con socialistas y con independientes. Su trayectoria demuestra que su principal prioridad no es una ideología concreta, sino mantenerse en el poder.

Un liderazgo cada vez más personalista

Tras cinco mandatos al frente del Ayuntamiento, Granados ha consolidado una estructura política muy centrada en su figura. Todo gira alrededor de su liderazgo, de su marca y de su relato. La propia candidatura municipal de 2023 se construyó alrededor de su nombre y no de unas siglas concretas. (diaridetarragona.com)

Ese modelo puede ser eficaz electoralmente, pero también tiene riesgos evidentes: reduce el debate interno, desactiva voces críticas y convierte la política municipal en un proyecto excesivamente dependiente de una sola persona.

Por eso la creación de una gestora en el PSC de Salou es mucho más que una cuestión orgánica. Es el síntoma de un partido que ha perdido el control de su propia estructura local y que ya no sabe si quiere ser un socio con voz propia o una simple extensión del proyecto de Pere Granados.

Ignacio Durán ya advirtió de este escenario

Desde hace tiempo, Ignacio Durán viene alertando de la falta de transparencia, del exceso de personalismo y de las tensiones internas que acabarían pasando factura tanto al gobierno local como a los partidos que lo sostienen.

Durán ya anticipó que las contradicciones internas del PSC acabarían aflorando. También señaló en su momento los problemas internos de ERC en Salou, cuando todavía muchos los negaban o los minimizaban.

Hoy, con una gestora impuesta desde Tarragona, un PSC dividido y una coalición cada vez más tensionada, cuesta decir que aquellas advertencias iban desencaminadas.

Porque cuando un partido necesita que le intervengan la agrupación local para mantener el orden interno, el problema ya no es puntual. El problema es estructural.

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